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Del café a la miel—y las ganancias

Por Peter Bate 

BANCO INTERAMERICANO D EDESARROLLO

Miguel Pérez dejó de cultivar café hace siete años. Así como ocurrió con otros pequeños agricultores en Xaquilá, una aldea rural en el estado mexicano de Chiapas, para él era cada vez más difícil ganarse la vida con este tradicional cultivo, cuyos precios han caído a los niveles más bajos en un siglo. Por esta razón, Pérez decidió incursionar en la producción de miel. “Es más descansado que cultivar café”, indica. “Las abejas hacen la mayor parte del trabajo”.

Muchos de sus compañeros, miembros de la cooperativa Productores Agropecuarios de la Selva Lacandona, tomaron la misma decisión. La cooperativa, localizada en Ocosingo, en la zona norte de Chiapas, comenzó con unas pocas colmenas obtenidas por medio de un programa gubernamental en 1992. Después de casi siete años habían crecido hasta tener unas 1.700 colmenas en producción. También lograron construir un galpón de almacenamiento, usando algunas subvenciones y contribuyendo con ocho días de trabajo por miembro.

A pesar de estos esfuerzos, la mayor parte de los miembros de la cooperativa apenas ganaban para su sustento. El mal tiempo y las enfermedades limitaban la producción. La cooperativa no tenía vehículos para recoger la miel en áreas remotas, ni equipo para filtrarla apropiadamente. Peor aún, la cooperativa nunca tuvo dinero suficiente para pagar anticipadamente a sus miembros, cuya mayoría, en consecuencia, se veía en necesidad de vender sus productos a loscoyotes, intermediarios ambulantes que pagan apenas una fracción del precio potencial.

Eventualmente los apicultores se enteraron de unos préstamos que ofrecía el Banco Interamericano de Desarrollo, el cual había lanzado recientemente un programa para ayudar a organizaciones comunitarias en áreas marginales del Sureste de México. La cooperativa Lacandona ciertamente cumplía con los requisitos básicos del programa: tenía más de tres años de existencia; sus miembros provenían de unas 30 comunidades rurales pertenecientes a tres municipios de Chiapas, el estado más pobre en el país; y todos ellos eran indígenas, en su mayor parte tzeltales, choles y lacandones. Tenían un producto potencialmente redituable pero carecían de los recursos financieros y técnicos para extraer mayores beneficios de la miel.

Después de postular al programa, la cooperativa empezó a trabajar con un equipo del BID, dirigido por el economista mexicano Javier Rowe, para desarrollar un plan de cuatro años que aumentara su producción y su rendimiento. En enero de 1999 la cooperativa firmó un acuerdo para un préstamo a 10 años por el equivalente en pesos de 490.000 dólares, con lo cual comprarían 3.000 nuevas colmenas y equipo para criar abejas reina. El préstamo permitió también hacer mejoras en el galpón de almacenamiento y equiparlo con filtración sanitaria y toneles de homogeneización.

Junto con el préstamo, el BID otorgó una donación de 137.000 dólares a la cooperativa para consolidar una organización que carecía de todo, desde equipo de oficina hasta asesoría sobre impuestos y contabilidad. Finalmente, proporcionó también recursos para contratar a técnicos que entrenaran a los apicultores en la producción de miel orgánica.

Cuatro años más tarde, los miembros de la cooperativa se complacieron en informar a un grupo de directores y funcionarios del BID que ahora cuentan con 6.000 colmenas en producción y que su rendimiento anual había subido de 60 a 180 toneladas aproximadamente. La productividad, medida en kilos de miel por colmena, ha aumentado acerca del 50 por ciento. Un par de camiones de la cooperativa recoge miel para los miembros. Luego el producto se procesa y embotella en la propia planta de la cooperativa y bajo su propia marca, La Cañada. Una línea de subproductos de la apicultura, tales como jarabes y pastillas para la tos, tónicos, jalea real y propóleo complementan las ventas de miel.

Lo más importante de todo es que la cooperativa ahora tiene un flujo de fondos que le permite pagar a sus miembros precios mucho mejores que los que ofrece cualquier coyote. De hecho, algunos intermediarios han tratado de ingresar a la cooperativa para hacer una ganancia rápida revendiendo la miel que ellos continúan comprando de quienes no pertenecen a la cooperativa.

Las mejoras e innovaciones continúan. La cooperativa está criando abejas reina para poblar sus propias colmenas y venderlas a otros productores. Ahora cuenta con una carpintería donde se hacen colmenas que luego se ofrecen con un sistema de arrendiamiento a los miembros. Crearon un vivero de árboles maderables y no maderables, entre ellos cítricos, y otros que florecen y producen polen para las abejas, pero que también generan otras fuentes de ingreso. Los miembros han decidido diversificarse más aún cultivando tomates y chiles en invernaderos.

Además de venderse en Chiapas y en la ciudad de México, la miel de la cooperativa ahora se exporta también a Europa. “Todos los días nos llegan e-mails pidiendo 200, 300 kilos de miel,” dice Enrique Velázquez, el joven administrador general de la cooperativa. Eventualmente, esperan colocar su propia marca en tiendas y supermercados de alimentos orgánicos alrededor del mundo, capturando de esta manera un mayor porcentaje del precio de venta al público. También ven más oportunidades en el mercado doméstico. Velázquez nota que los mexicanos consumen mucha menos miel que sus vecinos norteamericanos. La cooperativa quiere aprovechar un programa de almuerzos escolares de la Secretaría de Desarrollo Social de México para proporcionar tubitos de miel a los niños, su próxima generación de consumidores.  

Así que ellos quieren utilizar un programa del almuerzo escolar dirigido por el Departamento Social del Bienestar de México, para proporcionar bolsitas de miel en forma de tubo para niños: su próxima generación de clientes.

Pérez ahora tiene 60 colmenas en producción, cuatro veces lo que tenía cuando el programa del BID comenzó. Obtiene 28 pesos por kilo de miel, casi tres veces el precio que los coyotes acostumbraban pagarle. “Ahora me va mucho mejor,” dice Pérez. “Y espero dar a mis tres niños una buena educación para que ellos puedan llegar aún más lejos.”

En un tono amistoso, Rowe les recuerda a los miembros de la cooperativa cuánto han avanzado. “Hace tres años, este edificio tenía un piso de tierra. Antes estaban en rojo, ahora están en un punto de equilibrio. Hoy los precios son buenos, pero eso puede cambiar. Por eso hay que fortalecer a la organización, para que después puedan cosechar los beneficios,” dice.


Breves impresiones de apicultura

Bill Mares, Burlington, Vermont

“Recientemente visité la cooperativa de miel Proasel en Ocosingo, México. Como apicultor que soy desde hace 35 años y autor de un libro sobre la industria de miel americana, procuro que mis viajes al extranjero siempre incluyan alguna experiencia de apicultura.  
 
El modelo de cooperativa: En contraste con Estados Unidos donde tan sólo hay una cooperativa de miel, México tiene una larga tradición en cooperativas agrícolas. Como coautor de otro libro sobre estructuras democráticas de negocio, también me interesó la toma de decisiones compartida que existe en Proasel con una Asamblea General en la que se involucran todos  los miembros de la cooperativa, el Consejo Directivo y un director ejecutivo. La repartición del poder y la responsabilidad, manteniendo la eficacia, es un desafío constante para tales modelos participativos de negocio.

Abejas apacibles: En el campo me impresionó la apacibilidad de las abejas. Y supe que esto no era por casualidad, si no que viene de utilizar abejas reinas criadas con técnicas reproductivas que rebajan un poco la agresividad propia de estos insectos. En Centroamérica, todas las abejas Apis son africanizadas. Pero en Proasel, en lugar de trabajar con abejas de fuera, todos los miembros se han convertido en criadores de abejas reina de colonias menos agresivas ¡La eficacia de este programa quedó demostrada cuando fui capaz de trabajar con las abejas sin guantes! 

Los miembros de Proasel siguen varios tratamientos para combatir los virulentos ácaros Varroa. Y es más, van muy bien equipados.

Tener una persona en la cooperativa dedicada a criar reinas (como me explicaron) ayudará a mejorar la calidad de las abejas porque serán abejas locales criadas bajo condiciones locales.

Mercadeo: Encontré el diseño de empaquetado de todos sus productos (miel, própolis, polen, crema de labios, jalea real y café) muy agradable y suave. El espacio cerca de la bodega donde están expuestos les ha dado una oportunidad para introducir al mercado alguno de sus productos.

Número mínimo de colmenas: Esta inesperada norma –tener, al menos, 30 colmenas por miembro- asegura a la cooperativa que todos los miembros dedican todo su tiempo a la apicultura, y la organización no dedica el tiempo a formar a aficionados que tan solo tienen 1 ó 2 colmenas.

Objetivos principales: Los principales objetivos de PROASEL parecen razonables:

  1. Introducir la miel en tiendas de alto nivel
  2. Obtener el certificado de Comercio Justo
  3. Exportar en bultos
  4. Autosostenerse y dejar de depender de los contratos del Gobierno. Parece que son conscientes de que el contrato que tienen con ellos para las pequeñas tiendas comunales puede desaparecer tan rápido como apareció.

Gracias: Estoy muy agradecido por la oportunidad de poder visitar Proasel. Hacen cosas que yo no había visto en otras partes de Centroamérica. Me hicieron sentir como en casa.”

Actualizada la última vez por Hugo Abr 16, 2013.

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